COVID-19: CÓMO GESTIONAR LA PÉRDIDA

COVID-19: CÓMO GESTIONAR LA PÉRDIDA

¿Cómo podemos gestionar la pérdida que el Covid-19 ha provocado, desde la seguridad financiera hasta la vida de los seres queridos?

La pandemia de COVID-19 es una crisis epidemiológica, pero también psicológica. Si bien la situación provoca ansiedad, estrés y tristeza, también es un momento de dolor colectivo: todos estamos perdiendo algo ahora mismo.

Gestionar la pérdida, ¿de qué hablamos?

Muchas personas se enfrentan a la pérdida de un ser querido a causa del nuevo coronavirus, un desafío que se complica aún más por las órdenes de distanciamiento físico que les impiden despedirse en persona o reunirse con otras personas para llorar. Sin embargo, las muertes no son las únicas pérdidas con las que la gente está lidiando.

Millones de personas se enfrentan a la pérdida de empleo y la agitación financiera como resultado de la pandemia. Sin embargo, incluso las personas que no han perdido nada tan concreto como un trabajo o un ser querido están sufriendo: hay un dolor común cuando vemos cómo se desestabilizan nuestros sistemas laborales, sanitarios, educativos y económicos, todos estos sistemas de los que dependemos.

La pandemia hace temblar todos los cimientos

La crisis no solo está sacudiendo nuestra fe en esos sistemas. Está cambiando nuestra comprensión del mundo que nos rodea. Las pérdidas incluyen nuestro sentido de previsibilidad, control, justicia y la creencia de que podemos proteger a nuestros hijos o seres queridos ancianos.

A raíz de la pandemia de COVID-19, los psicólogos desempeñarán un papel clave para ayudar a las personas a manejar las muchas pérdidas por las que están de luto. Esto significa que tendrán un desafío inmenso como profesionales, pero también una gran oportunidad para ayudar a las personas a abordar estos elementos del sufrimiento.

AFLICCIÓN POR UNA PÉRDIDA

Una investigación de la literatura sobre el duelo muestra que la naturaleza de los apegos de una persona tiene un efecto en sus reacciones de duelo. Por supuesto, no solo estamos apegados a otros humanos, sino que somos capaces de perder lugares, proyectos, posesiones, profesiones y protecciones, a las cuales podemos estar fuertemente apegados. Esta pandemia nos obliga a enfrentar la fragilidad de tales apegos.

Muchas de las pérdidas que estamos experimentando ahora son las llamadas pérdidas ambiguas. Estas carecen de la claridad y definición de un solo punto como una muerte. Esa confusión puede dificultar el avance. A medida que la pandemia ha evolucionado, la gente ha tenido que afrontar una serie de pérdidas: la pérdida del sentido de seguridad, de conexiones sociales y libertades personales, de empleo y seguridad económica. En el futuro, las personas experimentarán nuevas pérdidas que aún no podemos predecir.

No es la pérdida en sí sino cómo se produce

No solo lamentamos lo que nos falta, sino también las formas en que esas pérdidas afectan nuestros sentidos del yo: puedes experimentar dolor por cualquier cosa que se sienta como una pérdida de identidad. Las investigaciones muestran, por ejemplo, que perder un trabajo puede desencadenar un período de duelo prolongado distinto de la ansiedad o la depresión. Ese duelo prolongado parece estar relacionado con los impactos de la pérdida del trabajo en la autoestima y la creencia en un mundo justo.

Aunque el dolor es difícil, es útil reconocer que es natural y útil. El duelo se trata realmente de volverse hacia adentro y recalibrar, y pensar: este ya no es el mundo que conozco y necesito adaptarme. Está bien sentir pena por lo que estamos perdiendo. Cuando hacemos eso, nos permite dejar que el dolor haga su trabajo, para que podamos seguir adelante.

Su investigación sugiere que una vez que ha pasado una crisis, la mayoría de las personas pueden recuperarse y seguir adelante con sus vidas. El dolor también es pasajero, incluso cuando estamos en medio de sus garras. La gente debería esperar fluctuar entre momentos de tristeza y duelo, y momentos de aceptación o incluso felicidad. Las personas que afrontan bien las pérdidas suelen entrar y salir de esos estados. Está bien permitirse distraerse y entretenerse, e incluso reír.

Ayuda "nombrar y reivindicar" nuestro dolor en caso de pérdida

Con casi todo el mundo enfrentando pérdidas grandes y pequeñas, ¿cómo puede la gente hacer frente al duelo por su vida prepandémica? Para empezar, los proveedores de salud mental pueden ayudar a los pacientes a "nombrarlo y reivindicarlo". Las personas a menudo tienen una vaga sensación de ansiedad o sufrimiento sin palabras.

Podemos ayudarlos a entender eso. Podemos pedirle a la gente que considere qué están perdiendo en el contexto de esta pandemia y qué pueden hacer para fortalecer esos lazos. No es una visión fatalista. Más bien, es una forma organizada de tomar medidas para ayudar a las personas a enfrentar sus pérdidas, desde trabajos y relaciones hasta fuentes de autoestima y autoeficacia.

Llevar un diario

Las personas pueden llevar diarios para poner palabras a las pérdidas y para ayudar a identificar formas de avanzar. Escribir sobre trastornos emocionales puede mejorar tanto la salud física como mental: nombrar lo que se está perdiendo, individual y colectivamente, escribir sobre tus fortalezas personales y habilidades de afrontamiento…

La mayoría de nosotros nunca ha pasado por algo como esto, pero hemos pasado por otras transiciones igualmente desafiantes. Puede ser útil escribir sobre cómo se superó un divorcio, la pérdida de un trabajo u otras transiciones desafiantes. ¿Cómo nos curamos y recuperamos?

Buscar apoyo social para superar un pérdida

El apoyo social es otra herramienta bien establecida que puede ser fundamental para ayudar a superar el dolor, en lugar de quedarse atascado en él. Eso plantea un problema en una época de distanciamiento físico, cuando las personas están aisladas en sus hogares lejos de sus seres queridos. Durante este tiempo, puede haber una erosión del apoyo social y los roles sociales significativos que refuerzan nuestras identidades.

Los psicólogos pueden alentar a las personas a mantenerse conectadas con sus redes de apoyo social a través de llamadas telefónicas, mensajes de texto, video chat y redes sociales. Y esos recordatorios deberían continuar incluso después de que salgamos del aislamiento.

Una cosa que hemos aprendido de los desastres es la importancia constante de los apoyos sociales. La lección es seguir controlando a las personas y mantener el apoyo incluso después de que finalice este período de bloqueo. Para algunas personas, el estrés continuará después de que finalice la cuarentena, especialmente si sus trabajos o relaciones se ven afectados.

Decir adiós en la era del distanciamiento físico

Mientras lamentamos la pérdida de nuestras vidas antes de la pandemia, muchas personas también enfrentarán la triste tarea de lamentar la muerte de amigos o familiares. Ya sea sentado en plan Shiva, haciendo cola para dar el pésame o compartiendo un rato de conversación con los seres queridos, las culturas y costumbres de todo el mundo comparten un elemento clave de duelo: la conexión social. En la era de COVID-19, el distanciamiento físico está abriendo una brecha en esos momentos de conexión.

Una de las formas más probadas de lidiar con el dolor es practicar la conexión social, estar con otros dolientes. Ahora, es posible que tengamos que lidiar con el dolor y la tristeza solos, socialmente aislados, donde no obtenemos el consuelo físico que necesitamos de amigos y familiares. Tenemos que idear nuevos sistemas y nuevos rituales para tratar de honrar la muerte cuando todo lo que nos rodea está cambiando.

No podemos suavizar el golpe de la pérdida

El acto de despedirse de un ser querido a menudo comienza mucho antes de un funeral o entierro. Para muchas personas, los días y las horas al final de la vida de un ser querido son especialmente conmovedores. Normalmente, podemos tomar la mano de un ser querido, tener conversaciones significativas, afirmar el vínculo, hacer las paces… Cuando somos capaces de practicar estas cosas, se suaviza el golpe de la pérdida.

Pero, con estrictas medidas de aislamiento en la mayoría de los hospitales, las personas se están perdiendo esas despedidas finales. Eso es cierto cuando las personas mueren a causa del COVID-19, pero también por causas más familiares, como ataques cardíacos o cáncer. Si bien son fundamentales para frenar la propagación de la enfermedad, esas medidas también dificultan que los dolientes se unan para llorar.

Algunas personas han comenzado a llenar ese vacío con funerales virtuales, pero la tecnología es un sustituto imperfecto de un abrazo en persona. Estar en estrecha proximidad física con amigos u otros dolientes nos ayuda a producir hormonas que nos hacen sentir bien, como la oxitocina, la dopamina y la serotonina.

Sensación de vacío y soledad

Cuando las personas no están físicamente presentes para decir adiós y llorar con otros dolientes, es más probable que experimenten una sensación de pérdida ambigua. Con una pérdida ambigua, es muy difícil lograr un cierre. A menudo hay mucha frustración e impotencia, porque la gente se siente impotente. La pregunta es, ¿cómo podemos construir nuevos rituales que nos ayuden a lidiar con la muerte y el morir por esta situación en la que nos encontramos ahora mismo?

Nos enfrentamos a la cuestión de la necesidad de encontrar una nueva forma de honrar el proceso de la muerte y también de afrontar nuestro dolor. Y es posible que tengamos que recurrir a psicólogos, junto con líderes religiosos y otros, para encontrar esos nuevos mecanismos.

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