EL COVID A CIEGAS POR ANA GÓMEZ

El Covid a ciegas por Ana Gómez

Hace ya un año que llegó a nuestras vidas un bicho, un virus que le bautizaron con el nombre de Covid-19. Y el maldito virus vino a poner nuestras vidas patas arriba.
Todo fueron cambios, ¿pero dichos cambios cómo los vive una persona ciega total como yo?

Para mí fue un cambio muy grande.
Soy una persona muy casera y por lo tanto en el confinamiento y posteriormente lo llevé bastante bien.

Traté y trato de pasar el tiempo lo mejor posible y casi siempre metida en casa.
Sinceramente, ya comienzo a sufrir ansiedad, se me está haciendo cuesta arriba el vivir de este modo, pero no tengo alternativa si deseo vivir sin correr demasiados riesgos.

Para comenzar, llegó a mis manos las mascarillas.
Una pieza de tela o de papel (depende de cuales son), había oído hablar de ellas, incluso había puesto alguna para entrar a visitar a un familiar a una UCI, pero os aseguro que no es lo mismo.
Para mí el llevar una mascarilla me supone un sacrificio y más si tengo que caminar sola por la calle.

Parece mentira, pero el sonido cambia, escucho todo de diferente modo, no sabría explicarlo bien, noto como un poco de eco, los coches como si estuvieran más lejos y me resulta complejo el calcular las distancias. Todo se distorsiona y cuando trato de hablar.... ahí sí que se nota la diferencia enorme.
Hay gente que tiene problemas de audición y no te oye bien y te hace repetir las cosas una y otra vez.
Para remate, en el mercado existen varios tipos de mascarillas, pero yo suelo utilizar la FP2 pues es la que me inspira más confianza, pero ojo, las gomas son bastante fuerte y mis orejas sufren las consecuencias.
¡Para dar un poco de humor, en ocasiones digo que después de esta pandemia pasaremos todos por el quirófano para arreglar nuestras orejas de soplillo que nos están dejando!

Este virus trajo la mascarilla y más cosas para terminar de llenar el bolso.
El gel hidroalcohólico, que posiblemente sirva para desinfectar nuestras manos, pero también para terminar de estropearlas y luego, añadimos el bálsamo para calmar los picores de las manos, el gel para calmar la piel cuando quitas, la mascarilla, etc.

Lo peor para mí sin duda es ver como al cabo de un año mucha gente todavía no se toma en serio este virus que convive entre nosotros y que no nos deja llevar una vida normal.

Yo soy una persona de riesgo y temo juntarme con los demás.
Me siento cada vez más aislada.
El caminar por la calle no me da seguridad, hay que pensar que una persona ciega necesita ir cerca de la pared y ahora no podemos tocar nada.
¿ponernos guantes?
Sí, lo he hecho para coger el ascensor, pero una vez en la calle no me sirven, ¿no tengo tacto y cómo puedo hacer mis tareas?
Todo se complica.

El circular por una avenida, es otra odisea, tenemos que ir despacio para tratar de no tropezar con nadie, nosotros no podemos guardar la distancia que nos recomiendan y la gente vidente, normalmente va con el móvil en la mano y tropiezan contigo sin más.
Si vas a comprar y debes guardar cola, en ocasiones la gente no te respeta la distancia ni te ayuda a pasar por el camino marcado, recordemos que no vemos si algo está señalizado pues no lo vemos.

Entre tanta inseguridad no queda alternativa, dejar de hacer vida social y realizar las compras por teléfono.
Yo no puedo quejarme, hasta el momento he tenido la gran suerte de tener gente cerca que está dispuesta a echarme una mano, pero recalco, la sensación de soledad se está apoderando de mí.

No puedo hacer planes de vacaciones, no sé si podré viajar mañana.
Sin darnos cuenta nos estamos acostumbrando a vivir al día y siempre pensando en qué pasará mañana.

Si para una persona sin minusvalía ha cambiado la vida, piensen por un segundo en las personas que tenemos dificultades de movilidad habitualmente.

Y no deseo acabar estas líneas sin olvidarme de las personas sordas.
Ellos acostumbrados a leer los labios de todos, ahora viven en una auténtica pandemia de silencio.

Una pandemia a ciegas y silenciosa que debemos seguir viviendo con las esperanzas puestas en las vacunas.

Yo soy muy presumida, por lo tanto, también en ese aspecto me ha afectado el Covid, para qué pintarme los labios, si no se ven con la mascarilla.

 

 

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montse
montse
2 meses hace

Me ha gustado este artículo. Pero yo hay cosas que no comparto o mejor quiza las vivo de otra manera, Yo soy ciega total,llevo la mascarilla siempre que salgo a la calle y en sitios donde ahay gente, a mií al principio me costo un poco llevarla, pero ahora la llevo bien, las orejas duelen un poco ygual que con las gafas de sol, a mí no me desorienta y la gente me ayuda vastante. Pienso que es una cosa muy dura la que nos a tocado vivir y emos de intentar vivirlo con la mayor naturalidad, Tomando todas las precauciones que se puedan de ijiene y las distancias, claro y la mascarilla.